presentarme de la forma mas común que se puede esperar: Hola, soy Atso. A través de esta aseveración reafirmo quien soy y me confino al campo de mi propia existencia, acto totalmente necesario ya que no debo mezclarme con la tuya. Tu estas muy cómodo ahí sentado, y yo aquí también, así que para que fusionar nuestras formas si siempre podemos seguir deambulando por el espacio en la más pura e ingenua soledad. Debo hacerte notar amigo(a) mio(a) que es a través de esta sentencia que también te confino a ti a tu posición de observador. Tu ahí parado mirándome eres mi yo observante, el yo que se observa a si mismo (y como no si yo te he separado de mi, estúpido); por lo tanto si te hablo me hablo a mi mismo. Pero ¿Por qué no me veo reflejado en tu ojo? ¿Por qué no puedo observarme en ese elemento esférico y certero como entre dos espejos ortogonales y así maravillarme de mi propia espalda? ¿Para que debo pronunciar palabras en este intento desesperado de comunicación, si como dije, debería estar hablando conmigo mismo? Ah! Es porque hemos creado esta separación tacita y estúpida, que como ambos vemos, no tiene sentido. Pero espera un momento, yo nunca tuve la intención de separarnos de esta forma. Solo quería... no se que quería. ¿Maravillarme de mi propia existencia? ¿Escapar del aburrido ciclo eterno del solo existir tal vez? Cualquiera sea la razón debemos acabar con esto. Tal vez algún día logremos vencer esta separación intransigente e inmotivada; traspasar el umbral gaseoso de nuestras formas aparentemente solidas.
Tranquilo que trataré de vencer esta barrera, llegare a ti y al final la calidez silenciosa lo inundara todo.
Ten un poco de paciencia, llegare.
Fin de la entrada. Atso fuera.
Tranquilo que trataré de vencer esta barrera, llegare a ti y al final la calidez silenciosa lo inundara todo.
Ten un poco de paciencia, llegare.
Fin de la entrada. Atso fuera.
